martes, 2 de septiembre de 2008

Los niños de Cerro Cachito



Cerro Cachito es un grupo de personas con ilusión de niño. A pesar de la pobreza y de unas autoridades cada vez más ausentes, los luchadores integrantes de la asociación "Cerro Cachito" han decidido que sus vidas continúan. No han tardado en formarse familias y están rodeados de movedizos pequeños que no hacen más que llenar de vida al árido poblado, aún en crecimiento.

Estos niños, muchos de ellos también con ciertas discapacidades, no se encuentran fuera de la burbuja de extremo abandono y carencia de todo. Antiguos conocidos como el hambre, la falta de educación y el analfabetismo son compañeros del diario que se hace menos difícil con un trompo y o con una pelota de cuero donada.

Por fortuna o quién sabe el porqué, una luz se asoma en el fondo del túnel. Hace 2 años aproximadamente, llegaron de Chimbote los educadores José Luis Porta y Flor Rodríguez pidiendo un espacio para implementar un colegio privado. Hoy han logrado convocar a una pequeña cantidad de alumnos que toman clases. Muchos no van por que el cobro es de 10 a 15 soles la mensualidad, es que de verdad no lo pueden pagar. Las críticas a la iniciativa escolar son pan de cada día. Aún así este colegio mono-aula y patio de arena funciona.

Sin embargo, aquella mañana sabatina, un megáfono a voz alta sonaba invitando a todos los niños del Cerro Cachito y asentamientos afines, a que asistieran a un desayuno gratuito y fiesta infantil que iba a organizar la Parroquia San Columbano y San Francisco Xavier Misioneros. Era José Luis Porta buscando un motivo para congregar a los muchachos en su centro educativo.

Esta parroquia, apelando a su espíritu y corazón solidario, organizó y armó un show infantil en el acostumbrado escenario de palos, esteras y accidentado suelo. La concurrencia tardó, tal vez por la poca nitidez del audio del megáfono, tal vez por la resistencia de muchos padres para con ese colegio.

Sin embargo, los pocos que llegaban al comienzo, y los muchos que arribaban después, entre niños y padres con discapacidades, empezaron a sentir la alegría y la calidez de los entusiastas animadores, que no eran más que jóvenes catequistas con vocación de servicio y mucha más bondad que artilugios en la animación. Al payaso “Cachito” no lo querían, pero sí a la rolliza animadora.

Dirigidos por la Asistenta Social Gregoria Montoya y la Coordinadora Lili Turbe, los jóvenes de la Parroquia San Columbano brindan lo mejor de sí mismos para poder transmitir la buena vibra a los pequeños. Unas pocas sonrisas serían su mejor premio. A cambio recibieron mucho más que eso. Niños corriendo, bailando y aplaudiendo.

“No venimos de una parroquia de un sector pudiente, no tenemos mucho dinero, pero tratamos de apoyar a estos sectores de extrema pobreza que realmente necesitan nuestra ayuda. Estos jóvenes trabajan con materiales propios y tratamos de darles alegría a los muchachos”.

La aparición de Bob Esponja no es menos gloriosa, y todos los pequeñuelos se le cuelgan mientras los mayores aplauden. El mayor goce de los niños es cuando adquieren protagonismo en el concurso de baile. Es cuando mueven el esqueleto y dejan fluir lo más dulce de su personalidad, olvidándose que la vida a veces es cruel y dura con ellos.

La vida es más fácil y bella cuando los niños ríen.

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